En el orden de los 5 millones
Proyectos con un solo proceso, pocos usuarios, sin integraciones y con un cliente que llega con el proceso claro.
Desarrollar un software a la medida en Colombia cuesta, en los proyectos que GeekCorp ha hecho, entre 5 millones y 500 millones de pesos. El rango es tan amplio porque no compras un producto de estante sino el tiempo de un equipo resolviendo un problema concreto, y ese problema puede ser sacar una orden de mantenimiento del papel o conectar la flota, los validadores y las apps de todo un sistema de transporte público.
Lo que decide en qué parte del rango cae tu proyecto es el alcance, las integraciones con los sistemas que ya usas, las plataformas (web, móvil o ambas) y qué tan definido llega el proceso. Nadie puede darte una cifra más precisa sin entender tu caso; lo que sí se puede es explicar qué mueve el precio.
Casi ninguna empresa de desarrollo publica precios, y no es por esconder nada. Cotizar software es cotizar horas de personas, y las horas dependen de lo que haya que construir. Con la misma frase, "necesito una app para mis pedidos", un negocio puede necesitar un formulario que envía un correo y otro un sistema con inventario, rutas, pagos en línea y conexión con su facturación. Un número fijo obligaría a cobrarle de más al primero o a perder dinero con el segundo.
Por eso, tanto si preguntas cuánto cuesta hacer una aplicación como cuánto cuesta desarrollar un software, la respuesta honesta es la misma: depende. La mayoría de los proyectos cae en medio del rango, y no hay forma honesta de decirte dónde sin entender tu caso. Como lo resume nuestro CEO: todo depende.
Proyectos con un solo proceso, pocos usuarios, sin integraciones y con un cliente que llega con el proceso claro.
Plataformas con varias aplicaciones, hardware en campo, datos en tiempo real y meses de trabajo de un equipo completo.
Estos son los factores que más pesan en un presupuesto de desarrollo de software. Cada uno acerca tu proyecto a un extremo o al otro del rango.
Cuántos procesos resuelve la primera versión. Registrar órdenes de servicio es un proceso; registrarlas, asignarlas por técnico, cobrarlas y reportarlas son cuatro.
No es lo mismo un sistema donde tres personas de administración hacen lo mismo que uno donde el vendedor, el bodeguero, el conductor y el cliente ven pantallas y permisos distintos.
Si el sistema tiene que hablar con tu facturación electrónica, tu CRM, tu pasarela de pagos o WhatsApp, cada conexión es trabajo aparte. Es el factor que más presupuestos rompe cuando se descubre tarde.
Una aplicación web es una pieza. Una app para Android y iPhone más el panel web de la oficina son varias, deben funcionar juntas y publicarse en las tiendas.
Un asistente que redacta informes con el criterio de tu equipo, o un sistema que lee cámaras o sensores en campo, exige entrenar, probar y calibrar, no solo programar.
Un plazo corto obliga a poner más personas en paralelo y a recortar pruebas: cuesta más y deja menos margen para corregir.
Si ya tienes pantallas diseñadas y aprobadas, se ahorra esa etapa; si hay que definirlas desde cero, ese trabajo debe estar en la cotización.
Un proceso documentado, con ejemplos reales y una persona que lo conoce, acorta el levantamiento. Un proceso que "está en la cabeza de Marta" lo alarga.
Si el sistema va a crecer y necesitas quien lo cuide y lo modifique, eso se acuerda desde el inicio y cambia cómo se construye.
Dos empresas con el mismo problema pueden pagar cantidades muy distintas por resolverlo, y la diferencia casi nunca está en la tecnología sino en cómo llega el proyecto a la mesa.
Cuando nadie ha escrito cómo funciona el proceso hoy, el equipo lo descubre construyendo, y cada descubrimiento se paga en horas.
"Ya que estamos, agreguemos inventario." Cada agregado reabre lo que ya estaba probado.
Cuando el sistema está casi listo y alguien recuerda que "eso tiene que cuadrar con el software contable".
Un equipo esperando respuestas, pruebas y aprobaciones cuesta sin avanzar.
Bajar el costo no es pedir descuento. Es reducir el trabajo que no aporta, y cuatro decisiones mueven más el presupuesto que cualquier negociación.
Si la operación pierde plata porque las órdenes de servicio se pierden en papel, la primera versión resuelve eso y nada más.
Un sistema en uso enseña más que cualquier documento.
Si tu facturación o tu CRM cumplen, el sistema nuevo se conecta con ellos en vez de reemplazarlos.
Si aún no lo tienes, escribimos una guía sobre cómo estructurar un proyecto de software antes de cotizarlo .
Una cotización seria describe qué se va a construir antes de decir cuánto cuesta.
Tenemos una lista de verificación para elegir una empresa de desarrollo de software confiable .
Es una cifra inventada, venga de quien venga.
Significa que el proveedor decidirá qué era "todo" cuando le convenga.
Te deja sin salida cuando necesites ajustar algo.
Quedas atado a él aunque el servicio no funcione.
Pide que la cotización diga cuál aplica y qué pasa cuando algo cambia.
Certeza si el alcance está bien definido; castigo para ambos si no lo está.
Flexibilidad para proyectos que evolucionan, a cambio de que tú dirijas el trabajo.
Cada fase con su alcance y su precio. Combina certeza en cada fase con libertad para decidir la siguiente.
Un software entregado sigue teniendo costos, y una cotización honesta lo dice desde el principio. Son tres.
Los servidores en la nube donde vive el sistema. Se paga de forma recurrente y crece con el uso.
Seguridad, fallos que aparecen con el uso real y ajustes cuando cambian las tiendas de aplicaciones o los sistemas integrados.
Funciones nuevas que el negocio pide cuando ya usa el sistema.
Pregunta cómo se cobra cada uno, si el hosting queda en una cuenta a tu nombre y si puedes contratar el mantenimiento con otro equipo. Un sistema cuyo código y cuentas son tuyos te da esa libertad.
En GeekCorp no damos un número antes de entender el problema. El proceso empieza con una consultoría inicial sin costo en la que hablamos con quien ejecuta el proceso hoy, porque ahí están los detalles que cambian el alcance. Esa conversación termina en un documento de alcance que describe qué se construye, cómo se divide en fases con entregables, cuánto cuesta cada fase, qué riesgos vemos y en qué orden proponemos hacerlo. Ese documento es lo que recibes antes de decidir, y es la base del contrato.
Lo demás también queda escrito: el código, la documentación y las cuentas quedan a tu nombre; firmamos un acuerdo de confidencialidad antes de ver tu información; se construye por fases con criterios de aceptación y, tras la garantía, decides si quieres soporte o un equipo dedicado.
Hay casos en los que un desarrollo propio es la respuesta cara a una pregunta barata.
Navas es una empresa de mantenimiento técnico de climatización. Sus técnicos documentaban cada visita en papel: la orden, las fotos, la firma del cliente y el acta se armaban a mano y se extraviaban. Construimos una aplicación web y móvil donde el técnico recibe la orden asignada, documenta el trabajo con fotos, registra el procedimiento y firma en sitio; el cliente recibe un acta en PDF generada automáticamente. Se entregó en dos meses y está en operación.
No publicamos cifras de impacto que no hayamos medido ni le atribuimos un precio: lo contamos porque es el tipo de proyecto acotado, de un solo proceso, que queda lejos del extremo alto del rango.
En el otro extremo está Op-Tra, la modernización del transporte público de Montería: monitoreo de flota en tiempo real, validadores a bordo y apps para usuarios y operadores, doce meses de trabajo y hoy en operación.
Porque el software a la medida se cotiza por el trabajo que exige, y ese trabajo cambia con cada empresa. La misma petición puede significar un formulario sencillo o una plataforma con integraciones y varias aplicaciones. Un precio publicado obligaría a cobrarle de más a unos o a perder dinero con otros. Lo honesto es publicar el rango, en nuestro caso de 5 a 500 millones de pesos, y explicar qué lo mueve.
Dentro del rango de 5 a 500 millones de pesos, una app móvil rara vez queda en el extremo bajo, porque implica construir para Android y iPhone, publicar en las tiendas y casi siempre un panel web para la oficina que la alimenta. Cuánto sube depende de si necesita funcionar sin internet, usar GPS o cámara, conectarse con tus sistemas y a cuántos tipos de usuario atiende. Con el proceso claro y las integraciones listadas se puede decir en qué parte del rango cae; sin eso, cualquier cifra es inventada.
Puede serlo en la cotización inicial y resultar más caro al final. Un freelancer funciona bien para un alcance pequeño y bien definido que una persona pueda cubrir sola. El riesgo está en la continuidad: si se enferma, consigue un empleo o cambia de prioridad, el proyecto se detiene y el siguiente equipo tendrá que entender código ajeno. Compara con el mismo alcance escrito y pregunta quién mantiene el sistema después de la entrega.
Depende de tres cosas: el hosting, que se paga de forma recurrente al proveedor de nube y crece con el uso; el mantenimiento, que cubre seguridad, fallos y ajustes por cambios externos; y las nuevas funciones que el negocio pida. Una cotización seria dice cómo se cobra cada uno antes de que firmes. Pregunta también si el hosting queda en una cuenta a tu nombre, porque eso te permite cambiar de proveedor de mantenimiento si lo necesitas.
Es una de las formas habituales de contratar desarrollo de software y, para la mayoría de las pymes, la más sensata. Cada fase tiene su alcance, sus entregables y su precio, y decides la siguiente con lo que aprendiste de la anterior. En GeekCorp el documento de alcance presenta el presupuesto dividido por fases, con lo que incluye cada una. Eso te permite empezar por el proceso que más duele sin comprometer todo el presupuesto de una vez.
Cae dentro del mismo rango de 5 a 500 millones y depende de lo que el asistente deba hacer, de cuánta documentación tenga que aprender y de con qué sistemas deba conectarse. Un asistente que responde preguntas sobre tus manuales internos es un proyecto distinto de uno que redacta informes técnicos con el criterio de tus especialistas. Lo que más pesa no es la tecnología sino tener a la persona experta disponible y ejemplos ya aprobados para probar contra ellos.
Si el alcance quedó escrito, la respuesta es sencilla: lo que esté fuera del alcance se cotiza aparte antes de hacerse, y tú decides si entra ahora, en una fase siguiente o nunca. Los proyectos se salen del presupuesto cuando el alcance no existía o cuando se agregaron cosas sin cotizarlas. Por eso el documento de alcance importa más que el precio: es lo que te protege cuando alguien dice "ya que estamos".
Lo que tome entender tu operación. Un proceso documentado, con ejemplos reales y con la persona que lo ejecuta disponible para conversar, se cotiza rápido. Un proceso que hay que descubrir en varias reuniones toma más. En GeekCorp esa fase es la consultoría inicial, que no tiene costo y termina en un documento de alcance con presupuesto por fases; no prometemos una fecha fija porque depende de cuánto se sabe de tu proceso al empezar.
Escríbenos por el formulario o por WhatsApp. La consultoría inicial no tiene costo y termina en un documento de alcance con presupuesto por fases. Si una herramienta existente resuelve tu caso, te lo decimos.

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